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Inyboss
[email protected] abro este tema para que pidan las canciones que mas les gusten, para pasarlas por la radio.
Inyboss Jun 16 '16 · Rate: 5 · Comments: 29 · Tags: radio
dist4nte



Σ(O_O;)
dist4nte Jul 27 '16 · Rate: 5 · Comments: 3
GTHD

I'm swimming in a circle I feel I'm going down There has to be a fool to play my part Someone thought of healing But all I really want to know...

GTHD Mar 2 · Rate: 5
shinigami775
Para toda la comunidad de Animu clud les deseo una Feliz Navidad a todos y los otakus inclinándome a mi que sus deseos se hagan realidad para estas Fiestas.
shinigami775 Dec 24 '16 · Rate: 5 · Comments: 1
GTHD

You're asking me will my love grow

I don't know, I don't know

You stick around and it may show

I don't know, I don't know......




Tributo:











GTHD Mar 7 · Rate: 5
VicSenpai
Buenos días internautas, les traigo un par de problemas y posibles reformas que solucionen tales problemas. Es algo que en lo que pienso en mis tiempos libres asi que seguramente tengan sus respectivas discrepancias con mis ideas, sean bienvenidos de comentarlas, sin más preámbulos, comencemos. 



¿Problemas con democracia? Esta ya mas que claro que el sistema democrático es mejor que cualquier otro sistema, al menos para la gran mayoría, pero como todo, no se salva de tener problemas. Hablaré desde el punto de viste de mi país, argentina. Enumeraré mis quejas a continuación. 


1) El votante no sabe porque vota: 

Así es, y mucho creerán que sí saben, pero seamos sinceros ¿Cuántos de nosotros tenemos conocimiento sobre economía? Es algo fundamental en la política. Yo mismo puedo decir, que no soy apto para votar coherentemente, pues me declaro ignorante en ese ámbito, sabré mucho sobre muchas cosas pero no sobre economia. 

Si aún no están convencidos, intenten ponerse en el cuerpo y alma de una persona sin educación; acá en Argentina sobran. Veamos las ultimas elecciones a presidente en mi país, básicamente termino con dos posibles candidatos, Scioli o Macri. Ahora la pregunta ¿Qué es lo que ve y escucha el ignorante promedio? Simple, un motón de carteles con tales políticos sonriendo y si bien cada uno lleva sus ideales y formulas especificas para alguien que no se fija tanto se resumen en dos cosas. Uno afirma que sacara el país adelante con esperanza y el otro con buena onda, dos caras de la misma moneda, contrarias pero lo mismo al fin. 

Como ven, al menos una gran porcentaje de la población no debería ser apta para elegir cargos políticos que afectan a todo un país entero.



2) Los partidos políticos. 

Se supone que estos partidos políticos serian una manera de agrupar ideales y estilos para integrarse a la política. Pero ahora nos toca preguntar ¿Qué es lo que hace o dice el integrante de tal o cual partido? ¿Lo que es mejor para el país o lo que es mejor para el cabeza de partido? 

Seamos sinceros, si bien hay casos de todo tipo, la mayoría busca ascender. Usaré un ejemplo. Esto es como un "contrato feudal "  el Rey (cabeza de partido) les hace jurar lealtad a sus vasallos (demás integrantes del partido) a cambio de esto, el Rey les cede tierras y riqueza. Tal cual, así hay muchos que empezaron en política, llegaron a ser gobernadores sólo por un puesto acomodado siguiendo a su rey. 

De forma simple, los partidos políticos sólo generan fanáticos y vivos que no se preocupan realmente por el país. Sino por ganar el concurso de popularidad del que se trata realmente la democracia, como lo vimos en en punto anterior, para el ignorante promedio solo se basa en popularidad de candidatos.  Así el que junta más dinero, junta mas propaganda y mas vasallos, lo que hace que en Rey no sea el mas apto, sino el mas poderoso. 

 



Esos fueron algunos de los puntos débiles de la democracia, ahora seguiré planteando posibles ideas para solucionar esto, obviamente son sólo ideas, y por lo tanto, pueden tener fallas, sobre todo  porque serán bastante revolucionarias. 



1) Democracia para pocos. 



El pueblo no es apto para elegir realmente. Sin quererlo y sin saberlo puede dañarse a si mismos. Mi país y la historia son pruebas de ello.

¿Cómo solucionarlo? Simple, sólo unos pocos deberían tener el derecho a votar ¿Quiénes? Pues aquellos que prueben poder pasar una serie de exámenes los cuales comprueban que tienen el conocimiento necesario. Quiza profesionales en distintos campos como fiscales o economistas deban estar ahí. 

¿A estos se les podría influenciar para votar en contra del bien del país? Si por supuesto, y es por eso que tienen que ser una cantidad elevada. Un 5% de la población quizá. Deben ser anónimos también por tales razones. 


2) Políticos en blanco sin partidos. 


Los partidos políticos no general ideas buenas para el pueblo, allí sólo buscan agarrarse de las mismas palabras  que son mas dignas de una cancha de fútbol. Se basan principalmente en desmeritar e insultar a los partidos rivales para que ellos queden mejor. 

Por eso, no solo que los partidos políticos deben ser prohibidos, sino que también los aspirantes a políticos tendrán que salir desde lo mas bajo, iniciándose en base a una serie de concursos, donde los aspirantes deberán demostrar su conocimiento en diferentes campos. Jueces de estos serán sólo aquellos pocos que tengan el derecho a votar anteriormente mencionados. 

Los aspirantes usaran los debates políticos para demostrar sus conocimientos y sus ideas, estas serán valoradas por los jueces con un sistema de puntajes, donde solo aquellos aspirantes con mayor puntuación tendrá la capacidad de ir por puestos políticos. 

Desde mi puntos de vista esto generará un sistema democrático mas culto e intelectual, donde la principal herramienta de estos será el conocimiento y la ideas productivas. 



3) La voz del pueblo

Yo mismo me encontré una falla y es que si sólo un sector elige, el resto se sentirá excluido y seguramente con razón. Pues así se deberá crear una asamblea popular, si bien la mayoría no podrá votar si podrán exigir y reclamar. 

Se deberá formar juntas barriales donde de ahí salgan representantes dando idea sobre la situación del pueblo.






Bueno, esto es toda mi idea básicamente, obviamente para algunos de ustedes será una tontería y si piensan que así, no esta mal. Sé que este sistema es algo forzado y un poco extremista, pero bueno, al menos espero que nos haya hecho pensar un poco con esta situación. 


Si tienen alguna idea para complementar esto o alguna queja sobre alguno de los puntos, sientanse libres de hacerlo, pero por favor, no quiero puteadas. 


Pd: Disculpen las fallas gramaticales, estoy desde el celular. Bezo bezo xau xau 

VicSenpai Apr 17 · Rate: 5 · Comments: 6
Bael
(nota de referencia)


https://elpais.com/internacional/2017/07/30/actualidad/1501421089_690769.html
  


  Sucedidos más de 4 dias de las elecciones de la asamblea constituyente varios dirigentes politicos (y también figuras del espectaculo xD) se pronunciaron en contra del Maduro tildandolo de dictator y rechazando estas ultimas elecciones. Los medios hegemonicos se regocijaron de estas noticias a lo largo que fue toda esta disputa entre la oposición y el gobierno chavista, tanto es así que todos los diás se escuchaba de nuevos incidentes y fallecidos. Pero para suerte de los usuarios u "consumidores" los noticieros y diarios, no por eso dejaron de quitarle tiempo a los divertidos videos de youtube, a las entrevistas de actores de cine/televisión u de las disputas diarias entre veddetes (asi como también de los partidos y el fulbacho e.e). 


¿Entonces porque tanto interes en Venezuela? ¿Porqué vemos noticias de un país lejano todos los dias? La respuesta es muy complicada, el periodismo independiente diria que personas mueren en venezuela a causa del rumbo que ha tomado la revolución bolivariana, gobiernos populistas afirmarían que Venezuela a sido llevada una situacion precarizada a causa de bloqueos economicos y movimientos "abruptos" de mercado. Habiendo una o más versiones de la realidad no es dificil de extrañar que surjan las mentiras, asi como tambien puede darse e caso que ninguna de las partes sea  la correcta MÁS SIN EMBARGO estamos en presencia de "matices".


 Aqui es donde me gustaria añadir la definición acerca de la "posverdad"


 https://es.wikipedia.org/wiki/Posverdad

"Posverdad2​ o mentira emotiva es un neologismo3​ que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.4​ En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual)2​ a aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas -los hechos- son ignoradas. La posverdad difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad, dándole una importancia "secundaria". Se resume como la idea en “el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.5​ Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira, estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política678​ y el eufemismo de las relaciones públicas y la comunicación estratégica como instrumentos de manipulación y propaganda"
 


... se ha informado acerca de 12 muertos en las pasadas elecciones pero no se ha "entrado en detalle" y afirmado que 5 de esos muertos eran policias, se ha informado de varias muertes y represion durante las protestas pero no se ha informado acerca de como se dieron esas muertes, si es que fueron victimas de fuego cruzado, o si los fallecidos fueron atacados u enrentaron a los protestantes por su condición de chavistas. También es cierto que los medios unicamente muestran a Caracas como epicentro de los disturbios, siendo que esta forma parte del sector privado del país.



https://youtu.be/rGTELUA3qGY


https://youtu.be/yTFaTAks81M

 Hoy en día el dinero es equivalente de poder y quien tiene poder puede hacer mover al mundo a costas de los intereses de los debiles siempre en busca de satisfacer sus propias necesidades.



http://prodavinci.com/blogs/como-las-empresas-pueden-surfear-la-crisis-por-luis-vicente-leon/



 Llegados a este punto usted pensara que estoy defendiendo al gobierno socialista de Maduro, por eso es que hago esta aclaración Yo no niego que Venezuela este pasando por una crisis, yo no niego que no hayan habido muertos durante el gobierno de maduro y yo no niego que no exista pobreza en Venezuela. Pero tampoco me parece que la oposición haya actuado de la mejor manera, ellos se obsesionaron con Capriles (quien posee cuentas offshore) la oposición debio haberse reorganizado para tener oportunidades durante estas elecciones y no causar destrozos y muerte en Caracas. La oposición a mi parecer jamas tuvo oportunidad de salir victoriosa durante estas elecciones porque en primer lugar son una minoria, muchas de las protestas son en Caracas pero Caracas no representa toda Venezuela, si no me equivoco Venezuela esta dividida en varias provincias y pueblos los cuales no poseen la misma necesidades del sector alto del país boivariano. También es cierto que muchos venezolanos como los de clase alta han emigrado a paises que son mas de su "madera". Habiendo denegado del sufragio porque la oposicion no podia ganar ellos fueron por la ruta del "anarquismo" sus acciones deniegan de cualquier forma de organización y alimentados por el odio, ira e impotencia decidieron destruir los fragiles logros del chavismo.
 Habiendo demostrado ese nivel de violencia y salvajismo no me cabe duda de que gran parte de la población venezolana no haya votado y es porque ellos NO tienen confianza en la oposición, cabe aclarar que todos los que no hayan votado no significa que esten a favor del gobierno de Chavista, lo que quiero decir es que una parte de los venezolanos no decidieron elegir ni por maduro ni por la oposición. 


Esa a mi parecer es la situación de venezuela, por cierto me gustaria que los usuarios de venezuela lean este articulo y me brinden de su opinión y que me hagan saber de mis errores para así yo entrar en razón.

 Muchas gracias y perdón por ser tan pesado.

 
 

Bael Aug 2 · Rate: 5 · Tags: venezuela, opinion, capitalismo, socialismo, posverdad
hybrid_ningen

Siempre he hecho demasiadas preguntas.


Desde que tenía tres años, mi pobre padre tuvo que aguantar una descarga de ametralladora de la pregunta «por qué» siempre que yo encontraba algo nuevo o interesante. ¿Por qué los patos tienen picos en vez de bocas como nuestro gato, Milo? ¿Por qué las abejas son buenas, pero los avispones son malos? ¿Por qué los niños de la escuela hacen pipí parados y por qué las niñas no pueden hacerlo?


Cuando las preguntas eran demasiadas, él me gritaba. Si eso no funcionaba, me mandaba a la casa de mi tía para que me quedara ahí por unos días mientras se recuperaba de mi parloteo persistente. Conforme crecía, aprendí que «recuperarse» significaba beber intensamente y llorarle a una Biblia; esa combinación era su único consuelo desde que mi madre murió tres meses después de mi nacimiento.


Las preguntas acerca de ella estaban completamente fuera de límites, y aprendí eso temprana y duramente. Si llegaba a mencionarla de paso, el rostro de mi papá se oscurecía al igual que un cumulo nimbo tomado directamente del Viejo Testamento, y se sacaba su cinturón. Solo tomó un puñado de azotes con ese cuero agrietado y punzante antes de que aprendiera a nunca mencionarla cerca de él. Cómo debió haberle dolido que luciera exactamente igual que ella.


Pero mi curiosidad era una parte de mí, de la misma manera en la que lo es ahora, y no pudo ser asesinada con ninguna paliza.


La religión tuvo una relevancia predilecta en nuestras vidas, y vivimos en una de las ciudades más pequeñas al borde del Cinturón Bíblico en Estados Unidos —y mi afición por los interrogatorios infinitos me metía en problemas rápidamente—. Fui etiquetada como «antagónica» y pasé muchas horas de clase sentada en una esquina, a solas. La decepción de mi papá acerca de esto era palpable; lo único que él quería era una niña buena y obediente, como esas que reciben menciones superficiales en la Biblia. En este sentido, era muy desemejante a mi madre católica, quien había sido tímida y modesta, y eso parecía herirlo más que cualquier otra cosa.


Traté de ser como él la recordaba, pero las preguntas ardían en mis senos como un fuego pequeño, causándome dolor hasta que daba a luz a mis cuestionamientos. Quería saber por qué Dios había permitido que la serpiente engañara a Eva y causara tal conflicto, cuando Dios era omnisciente y omnipresente. Mientras más aprendía y mientras más leía, más preguntas hervían en mi interior. Recuerdo cuán peligrosas se sentían, como una caldera de lava al rojo vivo esperando a reventar desde mi boca cual detonación ígnea de blasfemia. Y de entre todos los misterios, los que involucraban a las mujeres de la Biblia me consumían más que la mayoría.


Previo al exilio del Edén, antes del pecado original, ¿Eva tenía periodos menstruales? ¿Cómo hubiera sido el parto si nunca hubiera comido del Árbol? Si Adán hubiese sido engañado por la serpiente en vez de Eva, ¿los hombres habrían cargado con el dolor del parto? ¿Habrían sido las mujeres quienes se estarían esforzando en los campos hasta que volvamos al polvo?


Cada vez que trataba de alzar estas preguntas, era derribada de inmediato.


Lo que pasó, pasó —me enseñó la profesora de la Escuela Dominical Protestante, con su mirada severa y acerada—. Y no es el lugar de las mujeres el argumentar contra las palabras de Dios o de los hombres.


Y eso fue todo. No podía impedir que las preguntas consumieran mis pensamientos, pero estaba aprendiendo a detener mi lengua.


Si las circunstancias hubieran sido diferentes, si hubiera crecido en otra parte, puede que simplemente me hubiera hecho atea. Mis preguntas no respondidas y las frustraciones crecientes me habrían alejado de la Iglesia en vez de empujarme con más seriedad dentro de la religión.


Había decidido, desde que era pequeña, que la razón por la cual el conocimiento se me prohibía era por mi sexo; que solo los hombres estaban al tanto del conocimiento verdadero de las obras de Dios. En efecto, esto fue confirmado por todo lo que veía a mi alrededor: todos los predicadores y los pastores eran hombres, y los padres reinaban los hogares. En el Vaticano, en la Europa distante, el Papa yacía rodeado de hombres, círculos concéntricos de masculinidad que solo eran rotos por las corrientes de conventos de monjas en los límites exteriores.


Así que me eduqué. Descubrí un lugar en el que mi curiosidad podría nacer de nuevo. Fui a la universidad, me titulé en teología y me apliqué enteramente, escarbando a profundidad los misterios de la religión. Era un ambiente muy distinto a mi hogar. Aquí, las personas estaban dispuestas a entablar debates filosóficos enérgicos, a asumir el papel del abogado del Diablo y a discutir desde perspectivas nuevas.

Finalmente era capaz de ventilar esas preguntas de magma, intercambiarlas con mis pares hasta que se habían enfriado lo suficiente como para ser tocadas y examinadas.


Pero a lo largo de mis estudios, y a través de nuestras discusiones, hubo una pregunta que permaneció sin respuesta; otra faceta más de la femineidad que la Biblia había olvidado casualmente. Todos parecían creer que era una pregunta muy extraña como para siquiera ser considerada, pero a mí me consumía.

Después de que Jesús nació, ¿qué pasó con la placenta de María?


Nadie tenía una respuesta. A mí me parecía una cosa tan obvia, una omisión tan enorme de parte de los hombres que trazaron el Gran Libro. Si los huesos fragmentados de los dedos de los santos eran reliquias sagradas, si la última copa que tocó los labios de Jesús era buscada por todas partes por ser la reliquia más sagrada de todas, ¿entonces qué hay de la cosa que lo sustentó en el vientre?

Los clérigos devotos a quienes acudí estaban incomodados, e incluso asqueados por mi pregunta. Creo que la mitad de ellos ni siquiera sabía qué era una placenta, que pensaban que un bebe salía por las piernas de la mujer y que ese era el fin del asunto.


Pero cuando comencé a interrogar a las monjas —especialmente a esas que habían tenido hijos antes de que hicieran su juramentación—, comencé a progresar un poco.


La Hermana que tenía las respuestas era muy vieja, en sus noventa, si no es que más, y con la complexión de un gorrión famélico. La piel de sus manos era blanca, azul y púrpura, y tan frágil y translúcida que prácticamente podías ver la sangre bombeando con lentitud por debajo del tejido de piel de papel en sus muñecas.


—¿Te sabes la historia de la Biblia, no, pequeña?


Asentí; todos en mi clase habíamos discutido los mitos y las leyendas que rodeaban a la Biblia, la cual había sido examinada meticulosamente, y la mayoría de ella había sido descartada ya sea como ficción total, o más como crítica social y política que milagro.


—Fue un trabajo evolutivo, perdiendo y ganando texto a medida que los siglos pasaban, mientras algunas piezas se hacían más o menos populares para diversos reyes, sacerdotes y sectas.


—Bien. Me alegra que no creas en esa tontería del Concilio de Nicea —dijo.


—Bueno, para ser honesta, no me sorprendería si un montón de hombres se tuvieron que reunir y botar todos los fragmentos que no les gustaban.


La sonrisa de la monja anciana se amplió. Sus ojos eran brillantes y ágiles, nada de su ingenio se había perdido en el tiempo.


—¿Alguna vez te has preguntado por qué no existe ningún registro detallado de Sara, la esposa de Abraham? ¿Ni de Ruth o María Magdalena? Estas fueron mujeres realmente increíbles; acompañantes de algunos de los hombres más grandes que han vivido. Ciertamente, sus historias tienen un lugar en la Biblia, ¿no?


—¡Si! He pensado eso con frecuencia —admití.


—Entonces creo que tengo algo que enseñarte.



—Lo llamamos el Libro de Eva —me dijo a medida que abría un tomo que me había presentado.


No era impresionante; no tenía cuero trabajado, ni broches enjoyados, ni papel dorado. Había sido impreso en papel ordinario y tenía un forro rojo sencillo.


Mientras volteaba las páginas, pude ver por qué había sido llamado de esa manera, pues el libro comenzó con los linajes de mujeres bíblicas canónicas, empezando por Eva y extendiéndose hasta María, la madre de Jesús.


—¿Por qué no había visto esto antes? ¿O al menos oído hablar de él?


—Porque nadie, aparte de nosotras, está interesado —replicó la monja—. Los predicadores honrados no quieren hablar de los esfuerzos heroicos de Eva al dar a luz a cincuenta y cinco hijos, y al haberlos criado por sí misma, en su mayoría. Quieren hablar de la gloria de Jericó, de cómo David mató a Goliat y los milagros de Jesucristo. Los hombres dirigen la Iglesia, y los hombres no están interesados en los logros de las mujeres; solo en los de otros hombres.


—¿Qué hay de María? ¿Qué pasó después del nacimiento de Jesús?


—Página setenta y siete.


Le di vuelta apresuradamente a las páginas del libro.


—…Y después de que entró a nuestro mundo, lo que quedó de su derecho de nacimiento fue encerrado en un cofre de hierro y transportado por las esposas de los tres Reyes.


—¿Los Reyes Magos tenían esposas?


Ella resopló gentilmente.


—Por supuesto que sí. Todos los grandes hombres tenían esposa; y, con frecuencia, muchas.


—Necesito pedir prestado este libro. Necesito leerlo.

—Tengo una mejor idea: léelo aquí. Quédate con nosotras. Necesitamos a alguien como tú.

Me quedé con las monjas por varias semanas mientras estudiaba y leía el libro. Me hacían trabajar duro durante el día, lavando ropa de forma anticuada, con tablas de lavado y lejía, hasta que mis manos estaban rojas y desgastadas, igual de callosas que las de un campesino.


Durante la noche, leía cuidadosamente las páginas, memorizando tanto como podía acerca del Libro de Eva, gozando de los registros de estas mujeres olvidadas, de estas madres de naciones y esposas de dioses de antaño.


—¿En dónde está el cofre de hierro? —le pregunté a la monja una noche.


—Esperaba que me preguntaras eso, pequeña.


Conduciéndome hacia su estudio, sacó una llave de su bolsillo y luego abrió el cajón de un escritorio, sacando cuidadosamente una pila de fotografías Polaroid. Al entregármelas, se sentó e hizo una torre con sus dedos ásperos, observándome.


Todas las fotografías mostraban el mismo objeto, cada una desde un ángulo distinto. Era una caja de metal tosca, la cual había sido desgarrada por una fuerza inmensa. Como si hubiese explotado desde el interior. Mi cuero cabelludo me cosquilleó en tanto ataba los cabos.


—Es este. El cofre de hierro que las tres concubinas transportaron desde Belén.


—Sí.


—¿Qué le sucedió?


—La criatura que estaba atrapada en el interior escapó.


Tragué grueso, sin ánimo de comprender lo que me estaba diciendo.


—¿Criatura?


Y así, con su voz silente y aflautada, la Hermana Michaels me explicó el secreto verdadero.


—Cuando Dios escogió a María para nutrir el cuerpo de Cristo, él sabía que su hijo divino no podría habitar un contenedor marcado con el pecado original. Para contener a Cristo mismo, el bebé tuvo que ser purificado de todo pecado, de todas las corrupciones de la humanidad.


Agarró de nuevo las fotografías, guardándolas bajo llave en el cajón.


—Por lo tanto, Dios se aseguró de que todas las maldades de nuestros cuerpos mortales fueran empujadas hacia el útero de María —en su placenta—, en donde permanecieron, por siempre separadas de Jesús.


—Pero fue una placenta, no un bebé. ¿Cómo fue que creció? ¿Cómo se convirtió en una… criatura?


—Aunque estuviera impregnada de pecado, aun así era divina, consistiendo tanto de Cristo como de la Madonna. No podía ser calcinada ni podía ser cortada, así que fue sellada. Permaneció en la oscuridad, resguardada por sacerdotes de una orden antigua, a quienes se les encomendó vigilar la reliquia sagrada. Y en esa oscuridad, creció, alimentada por la semi-vida en su interior, y añorando el alma que carecía.


—Y al final se hizo demasiado grande para el cofre, ¿verdad?


—Sí, pequeña. Y ahora está libre.


—¿Qué significa eso?


—Desea venganza.

___________________________________________________________________


Me había sentido insegura de abordar el vuelo desde Texas a Roma, pero la Hermana me prometió que responderían mis demás preguntas. Cuando llegué a la pequeña iglesia de piedra y ladrillo cerca de la costa, un hombre con la cabeza afeitada me escoltó hacia adentro inmediatamente, y luego me llevó a la cripta de la iglesia. Los cadáveres de siete sacerdotes yacían en el mausoleo frío, esperando su sepulcro.


—Trataron de detenerlo —me explicó el rector—. Ese era su deber sagrado. Trataron de regresarlo con espadas de plata y hierro sagrados. Pero con un solo toque… —divagó, señalando a los cadáveres envueltos con lino.


Sus muertes fueron únicas, de formas que hicieron que mi estómago se retorciera. Mientras levantaba la sábana del primero, contemplé forúnculos supurantes por toda su cara; rastros rojos y negros de putrefacción delineaban los vasos sanguíneos de su cuello. Había muerto en cuestión de minutos, aparentemente, sucumbiendo ante una enfermedad tan antigua, que ya no tenía nombre.


Otro no tenía marcas en su carne, pero sus ojos sobresalían obscenamente por debajo de sus párpados punteados de venas. El rector me informó que se había asfixiado y murió de rodillas; su garganta se había tapado con una lechada putrefacta de serpientes y ranas.


Quizá lo más aterrador de todo fue el hombre que se había ahogado en tierra firme. Sus pulmones se habían llenado de agua salada, la cual aún goteaba por sus labios cocidos.


—¿Cómo? —inquirí.


—Un solo toque es lo único que se necesita —explicó el hombre, apiñándose del frío dentro de su hábito de lana café—. Los tocó una vez a cada uno, y luego los dejó como los ves ahora.


—No lo comprendo. Si hombres sagrados portando armas sagradas no pudieron herirlo, ¿entonces por qué me han traído a mí aquí?


—Porque la criatura no posee la forma de un hombre.


—No lo entiendo.


—La criatura es una mujer.


Reflexioné acerca de eso por un momento.


—¿Y crees que otra mujer puede ser capaz de detenerla?


Asintió.


—Sí. Eres joven, fuerte y, aún más importante, no has efectuado tu juramentación inicial o final. Creemos que puede oler el toque de Dios en nosotros, y eso la conduce a la locura. Cualquiera en la iglesia que se le ha acercado, ha muerto terriblemente, como lo puedes ver aquí.


Estudié la escena horripilante frente a mí; el miedo arrastraba dedos gélidos por mi espina dorsal. Hasta donde sabía, la criatura solo me mataría en el acto sin que importara que fuera una mujer o que aún no me hubiera casado con Cristo.


Por el otro lado, si llegase a tener éxito en donde hombres de gran fe habían fallado…


Y quería verla, más que nunca, ahora que esta última pieza de información había sido revelada. Quería saber.


—No estoy segura de si puedo ayudar, o de cómo. Pero estoy dispuesta a intentarlo.


....


Con un fragmento del cofre de hierro en una cadena alrededor de mi cuello, partí a mi cacería. El rector razonó que la caja de metal había sido su hogar por tanto tiempo, que el collar podría hacerme parecer más familiar ante ella, menos amenazadora. O al menos podría brindarme su atención. Supuse que descubriría al final si esa lógica era correcta o no, no es como si tuviera otras armas en mi arsenal.


Mientras que la orden de sacerdotes era antigua, su sistema de seguridad era moderno, e incluía cámaras en las entradas y salidas de la iglesia. Una serie de capturas habían sido descargadas en mi teléfono, y las revisé, contemplando al ser que había asesinado con furia bíblica a una docena de hombres adultos.


Era hermosa, en un sentido atemporal y clásico. Rasgos simétricos y casi élficos se veían a través de un halo de cabello rubio platino, lo suficientemente largo como para cubrir la mayor parte de su torso desnudo. Pero desde su cintura hacia abajo, algo se encontraba muy, muy mal. Piel pálida se oscurecía en una tonalidad de gris brillante y enfermizo, y luego en jirones de negro, colgando a manera de harapos putrefactos en sus muslos desgastados —y por debajo de la rodilla solo restaba hueso blanco y tendones incoloros—. Siendo tan pálida como un pez, se había quedado parada entrecerrando los ojos por varios segundos extenuantes antes de correr con sus pies esqueléticos e imposibles hacia el mar.


Mis consultas a lo largo de la playa no acabaron en nada; nadie parecía haber visto a una mujer rubia desnuda, y ciertamente a ninguna que fuera un cadáver de la cintura para abajo. Cuando regresé a la capilla, el rector me informó que la criatura había sido divisada de nuevo —en otra iglesia a unos quince kilómetros de la costa— y que había asesinado al sacerdote a cargo al convertir su sangre en vino.


Pensé que sabía hacia dónde se dirigía.


Iba en línea recta hacia el más sagrado de todos los hombres santos del país: el Papa.



La vi en la calle antes de que ella me viera a mí. Se había adaptado rápidamente; pantalones de cintura alta cubrían sus piernas cadavéricas, y botas negras nuevas ocultaban las abominaciones que eran sus pies. Sus mejores cualidades eran exhibidas a su favor con una blusa negra y plateada de hombros descubiertos. No se veía fuera de lugar, sino como otra chica turista linda en su camino hacia el Vaticano, en donde se sacaría selfies insípidas para publicarlas en sus redes sociales.


Si me percibió a mí o al fragmento de su prisión… no lo tengo claro, pero con una sacudida violenta, se escabulló entre dos edificios, y luego corrió. Era rápida; su anatomía en decadencia no la limitaba en lo más mínimo.


La seguí, por supuesto. No había otra cosa que pudiera hacer. Pisoteando por el callejón resonante de ladrillo, capté solo un vistazo de cabello rubio destellando bajo la luz del sol mientras ella rodeaba el extremo opuesto. Cuando giré por la misma esquina, una mano me embistió el pecho con la suficiente fuerza para sacarme el aliento de los pulmones y el vigor de mis piernas. Mientras caía, esa mano incongruentemente delicada jaló con violencia el collar pesado en mi cuello.


Su ceño fruncido arruinó sus rasgos angelicales. La mujer pálida se dio la vuelta y arrojó el fragmento de su antigua prisión lejos de ella con una fuerza asombrosa. El collar reflejó la luz a medida que navegaba por los tejados alicatados.


—Debería matarte —escupió, presionándome contra los adoquines con su rodilla; la lanza de la tuberosidad tibial poderosamente afilada estaba a punto de perforar la carne de mi costado.


—Por favor —me lamenté—. Por favor, no.


—Ah, ¡cuánta fe! —se burló, agitando su cabeza con desdén; su cabello era una corona salvaje de luz por encima de mí—. Te mandaron a tu muerte sin más protección que un pedazo de metal antiguo y tu sexo.

Tiritando por el temor, sentí el hueso revestido de mezclilla enterrándose aún más profundamente en mis costillas.


—¿Qué es lo que quieres? —murmuré.


—¡Quiero lo que queda de mi! ¡Quiero lo que se me arrebató, el cuerpo y el alma que eran míos, que se me debieron haber entregado, hace todos esos siglos!


Viró su terrible cabeza en dirección a la Ciudad Sagrada.


—Y en ese lugar está el hombre que me puede decir en dónde lo puedo encontrar.


La presión a mi costado se atenuó cuando ella se sentó de cuclillas, y una fuga de putrefacción oscura se presionó contra el material alrededor de sus muslos.


—No puedes herirme, hermanita. Si pudiera ser asesinada, me hubieran quemado después de que mi madre me trajo a este mundo —Aspiró despectivamente—. El hierro no me puede contener, la plata sagrada no me puede cortar. Mi final solo puede llegar cuando me reúna con mi carne original. Con tu preciado Cristo.


—Pero no puedes —solté abruptamente—, no puedes reunirte con él.


—¿Por qué no? —Sus ojos ardieron como una llama detrás de un vitral—. ¿Crees que no tengo el poder?


Negué con la cabeza.


—Estoy segura de que lo tienes, pero no me refiero a eso. No puedes unirte con Cristo, porque está muerto. Fue asesinado hace más de dos mil años.


—¡Estás mintiendo!


—No es así. Puedes encontrar su velo en la Catedral de San Juan Bautista. Puedes leer sobre su muerte en cualquier Biblia.


—¿Cómo? —preguntó; sus rasgos pálidos eran más blancos que un alma nueva—. ¿Cómo murió?


Así que me senté en ese callejón asqueroso, detrás de un bloque de almacenes que apestaban a pescado, y le conté la historia de la crucifixión.


Cuando había finalizado, no dijo nada.


—¿Me vas a matar?


Ella negó con la cabeza.


—No. No te voy a matar.


—¿Qué vas a hacer?


—Creo… —empezó, viendo por encima de los tejados al sol resplandeciendo desde las nubes— que encontraré a los descendientes de quienes lo mataron. Y luego extinguiré sus vidas, y tomaré sus almas para llenar el agujero doliente en mi interior.


Me sentí enferma, mareada y helada por el pánico.


—Pero eso equivale a miles de personas… ¡millones, incluso!


Ella me sonrió; sus colmillos se asemejaban a los de los felinos, demasiado perfectos. Su mirada era beatífica.


—Pues, es un agujero muy grande.



Está ahí afuera, cazándote. No le importa que no tengas control sobre tu ascendencia, que tu linaje no sea más que un capricho del destino, el mero accidente de quién engendró a quién. Nos lo causamos nosotros mismos cuando matamos a nuestro salvador.


Pero lo peor de todo es que no creo que estará saciada. Con un agujero del tamaño de Dios dentro de ti, ¿cómo es posible que llegues a estar satisfecho?


Y no puedo dejar de pensar en la ironía nefasta de esto. Toda la vida humana ingresó al mundo por medio de Eva, y ahora toda la vida humana será expelida del mundo por otra mujer.


Solo espero que no me guarde para el final

hybrid_ningen Jul 30 · Rate: 5 · Comments: 1 · Tags: creepypasta
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El libre albedrío no existe.

 

Esas fueron las primeras palabras que leí. Desperté ante ellas todos los días por muchos años. Estaban escritas en un letrero. El letrero estaba colgado arriba de la hilera opuesta de catres en el Establo de Sueño. No tengo ningún recuerdo previo a la granja; asumí que había nacido ahí.

Ninguno de los niños sabía por qué estábamos ahí o de dónde proveníamos… Nadie ni siquiera sabía cuánto tiempo habíamos estado en la granja. Algunos niños envejecían. Otros no. No puedo recordar mucho, pero eso es lo que pasa cuando no se te da mucho para recordar.

 

Recuerdo siempre haber estado delirantemente hambriento. Se nos alimentaba con tres comidas pequeñas al día, pero, antes de cualquiera de ellas, el rector Ranon Xinon nos obligaba a observar cómo rociaba unas gotas de líquido claro en nuestros platillos desde un bote café sin etiqueta. Luego nos pasaba los platillos al azar por la rendija de una puerta de metal para que nunca supiéramos si nuestra comida estaba envenenada. La mayoría de nosotros bailábamos por los bordes de nuestros platos. Nadie estaba muy ansioso por comer, no cuando habíamos visto a docenas de niños tornarse azules y morir frente a nosotros después de haber recibido la comida equivocada. Muchos de nosotros rara vez comíamos esa comida; yo NUNCA comía de mi plato. 

Recolectaba los pocos trozos limpios que había en la basura. Comía cuervos, y habitualmente recurría a moscas, hormigas, dientes de león, cucarachas, tréboles, escarabajos… cualquier cosa viva y de alguna forma comestible. Guardaba las arañas. Tenía un lugar especial para ellas.

Veinte niños y treinta niñas trabajaban los campos que proveían toda la comida a «la granja», una instalación de madera derruida cercada con alambre de púas y por el bosque circundante. Más allá de eso, la tierra salvaje. Aunque no había focos o guardias, la granja era más inescapable que una prisión.

 

Cada tantas semanas, el rector Xinon llevaba a los casi cien residentes hasta los límites de la granja, en donde soplaba un silbato de latón extraño. Pastores alemanes con ojos inyectados de sangre saltaban de la maleza como si hubiesen estado esperando su llamada; sus bocas espumando mientras hacían rechinar los dientes en el alambre oxidado, amenazando con entrar y comernos vivos. La sonrisa del rector era fría, y nos decía, con una voz que sonaba como la descarga de disparos en la lejanía:

 

-Son perros guardianes viejos que se volvieron rabiosos. Aprendí, por medio de uno de ustedes, cómo entrenarlos para que me obedezcan. Y si huyen, los matarán… o harán que deseen que se hayan quedado conmigo.

 

La granja nunca tenía respuestas. Muy pocas personas llegaban —los camiones repartidores infrecuentes, un autobús de prisión y un Thunderbird negro con ventanas polarizadas que hacía rugir una turbina poderosa, como si motores de cohete hubieran sido instalados debajo del capó—, y solo interactuaban con el rector.

 

Había un rumor de que no éramos niños reales, de que el rector Xinon era un demonio que nos esculpió con sangre y ceniza. Nunca nos atrevíamos a hablarle al rector, y hacerle una pregunta era absurdo, puesto que una pregunta significaba el tacto de su mano cruel y dura, una mano que convertía al aire adyacente en un alfiletero de dolor que punzaría tu piel con solo rozarte.

Pero más allá de los envenenamientos, el trabajo agotador, rebuscar comida y no comprender un solo día qué era lo que estaba sucediendo, temíamos las noches más que nada. Estar exhaustos por la labor diaria en los campos no era suficiente para superar el miedo a dormir. Cuando era más oscuro y el aire se había serenado, oíamos cómo las pisadas rechinantes del rector simplemente… manaban desde el centro del establo sin ningún tipo de advertencia. A veces, lo oíamos caminar por el tejado. Sobre las paredes. En el techo. Aún puedo escuchar su respiración si cierro mis ojos; ese agonizante aliento porcino que succionaba el aire con un cansancio gutural. La respiración y las pisadas daban vueltas y vueltas hasta que escuchábamos a alguien llorar. Entonces la víctima emitiría un último gemido antes de que desapareciera junto con el rector. El niño raptado regresaba a su cama por la mañana exhibiendo marcas nuevas —la desagradable mancha roja y púrpura que nos dejaba el costado de su dedo, o, a veces, una huella digital negra impregnada en nuestros cuerpos—. Nunca le decíamos nada a nadie sobre estas marcas; siempre teníamos miedo de que el rector nos escuchara y nos castigara con marcas semejantes.

 

En ocasiones nos tocaba con su palma entera dejando una impresión arrugada, tan cruda y dolorosa como la marca de hierro caliente. Yo tenía algunas manchas también, pero me consideraba suertudo de tener pocas, hasta donde podía observar.

 

Yo era uno de los cuatro niños y cinco niñas que limpiaban el hogar del rector, el caserío. Yo limpiaba los baños y vaciaba las cisternas con balde y cuerda. Eventualmente, encontré unos tablones sueltos en el techo arriba del retrete cuando estaba parado en la repisa de la ventana refregando moho. Comencé a pensar.

 

Esta fue mi vida por lo que se sintió como muchos años. Juro que puedo nombrar veinticinco veces separadas en las que llegó el granizo, pero no teníamos manera de rastrear el tiempo, ni siquiera con nuestras edades. A veces veíamos a un niño de trece o catorce años volviendo a lucir como la mitad de eso. El tiempo no tenía sentido en la granja, y sabía que no iba a salir de ahí con solo esperar. Cuando desperté una mañana para encontrar la ardiente huella roja de la mano del rector Xinon cerca de mi hombro, un plan brumoso inducido por la hambruna emergió desde la niebla de mi cerebro.

 

Fui a mi lugar especial, por las cisternas, en donde había guardado a toda viuda negra que había encontrado. Las mantenía detrás de un ladrillo falso al costado del caserío. Había tenido una colección de ocho de ellas, y descubrí que las viudas negras eran caníbales cuando se agrupaban. Solo las más fuertes sobrevivían. Organicé varios «torneos», hasta que ciento ocho viudas negras se redujeron a veintiséis de las arañas más tóxicas, inquietas y arrebatadas que nunca querrías conocer. Solo fui mordido dos veces, y estuve cerca de una muerte agónica ambas veces. Sabía que una mordida no acabaría con un monstruo como Xinon. Estaba listo para ejecutar la última etapa de mi plan, pero todo cambió un día frío a principios de diciembre. Un helicóptero tan negro como el Thunderbird sobrevoló la granja un par de veces a poca distancia.

 

Ranon Xinon se volvió loco. Envenenó la mitad de las comidas el día siguiente de la llegada del helicóptero, y, después del desayuno, nos llevó a todos para formar una línea afuera del matadero de pollos. Cuando empezó a dirigirnos, uno a uno, varios se unieron a mí y corrieron. A juzgar por los gritos, capturó a la mayoría de los que huyeron, pero no me atrapó a mí. Pasé muchas noches fantaseando sobre este momento cuando no estaba escuchando sus pisadas y respiración aquejada.

 

Puse las viudas negras dentro de una caja grande de chocolates compartimentada que recuperé de una pila de madera, perfecta para mantener a cada una de ellas encerradas. Quité los tablones de madera encima del retrete y me escondí en ese espacio del baño. El rector podría evitar el sueño durante su paranoia, pero todos tienen que ir al baño. Esas cisternas no se cagaban solas.

Estaba oscuro para cuando llegó con su candela. El sonido de él bajándose los pantalones y su quejido simultáneo enmascaró el sonido de los tablones siendo retirados. Le quité la tapadera a la caja de veintiséis pesadillas, bañando al rector con gladiadores famélicos y enloquecidos. Mis bellezas comenzaron a morder al rector tan pronto como cayeron. El horror de la granja de niños, el demonio llamado Ranon Xinon se ovillaba cerca de su retrete; sus ojos se contraían por la inflamación, su boca encerraba un murmullo aterrorizado de repulsión y desconcierto a medida que las alimañas torturaban todo su cuerpo. Antes de que sus ojos se hincharan lo suficiente como para cerrarse, vio mi pequeño rostro de siete años asomándose por el agujero en la oscuridad. El niño perdido. El rector se empezó a carcajear.

 

—Sabía que esto podría suceder. El libre albedrío no existe. Está bien. Ya viví diez mil años. Viví TUS veranos felices, matrimonios fantásticos, éxito fructuoso. Tu vida fue tan hermosa que no tiene comparación. Es por eso que tú y yo ahora somos fantasmas.

 

Esas fueron las últimas palabras ininteligibles del rector antes de que dejara de respirar.

Me oculté por cuatro horas y después me paré en la repisa de la ventana, el lugar más seguro de la habitación. Las arañas habían acabado y se habían ido.

 

El helicóptero regresó justo antes del ocaso con una brigada de hombres armados. Fui el único sobreviviente de la granja. El capitán de la operación era un hombre llamado Clinton Moxley, Jefe de las Investigaciones de Campo de la Oficina Hermética. Me adoptó y tomé su apellido. Fue él quien me nombró Howard.

 

Le dije a mi padre lo poco que sabía. Me corrigió en algunas cosas: el nombre del rector no era Xinon, él era un hombre llamado Clark P. Ganes, un «individuo anómalo». La oficina en la que trabajaba rastreó al rector hasta aquí. Había sido mi padre quien manejaba el Thunderbird.

Mi padre me contó sobre la vez que la oficina había capturado al rector para estudiarlo en uno de sus laboratorios. El sujeto agarró la muñeca de Frank Bernwiest, uno de los miembros más ancianos del equipo. Todos vieron el rostro de setenta y nueve años de Frank retorcerse y contorsionarse hasta que las arrugas desaparecieron y la piel se había levantado. Tras unos segundos de agonía, Frank volvió a ser un hombre de la mediana edad.

 

Mi padre me dijo que él evitó personalmente que los demás agentes hicieran contacto, puesto que estaban recopilando evidencia grabada del fenómeno único asociado con Clark P. Ganes. Cada vez que la mano de Ganes descansaba en la piel expuesta de Frank, este gritaba, tornándose cada vez más pubescente. Ganes solo lo dejó ir hasta que Frank era un niño revolviéndose en la vestimenta de un anciano.

 

«Escoge víctimas que tuvieron buenas vidas», me explicó mi padre mientras me arropaba en la cama. «Su existencia es la evidencia más grande que el Tiempo es una dimensión física, algo que es material y que siempre ha estado aquí. Él vive TUS años en cuestión de segundos. Frank se quedó con nueve años malos de setenta y nueve. Podrías creer que ser joven de nuevo es genial, pero recuerda que fue dejado con la mente de un niño de nueve años sin ningún amigo o familiar que cuidaran de él… Tú conoces muy bien ese dolor, Howard. La oficina no tenía los recursos para cuidar de Frank. Creemos que Clark Ganes es responsable de miles de niños abandonados a lo largo del mundo. Frank fue solo uno de ellos, otro humano con un línea de tiempo utilizada».

Le pregunté al único padre que conocía por qué me había adoptado. Me llevó al espejo doble del baño principal y me dijo que me quitara la camisa.

 

«Porque te lo debo. Alguna vez fuiste un anciano, Howard. Eras mi mentor y mi compañero en la oficina. Viajaste a la granja por tu propia cuenta para intentar cerrarla. Tenía la esperanza de que lo recordaras… o cualquier otra cosa de tu pasado, pero… ya veo que el rector te afectó a ti también».

Vi detrás de mí usando los espejos para observar mi propia espalda por primera vez, y la vi cubierta de huellas de mano.

 

Eso fue hace muchos años. Fiel a las palabras del rector, he sido un fantasma entre los vivos desde entonces. Ha sido difícil conciliar el sueño, especialmente ahora. Por las últimas noches, he escuchado las pisadas del rector y su aliento rasposo junto a mi cama. Mi padre dijo que nunca encontraron su cadáver. Sé que quiere su granja devuelta. Me quiere a mí devuelta; quiere a todos sus niños devuelta

hybrid_ningen May 4 · Rate: 5 · Comments: 3 · Tags: creepypasta
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En el primer día de kínder, mi mamá había decidido llevarme a la escuela; los dos estábamos tan nerviosos que ella quería estar ahí hasta el momento en el que entrara a la clase. Me tomé un poco más de lo esperado para arreglarme debido a mi brazo que no había terminado de sanar. El yeso se extendía varios centímetros por encima de mi codo, lo cual significaba que, al bañarme, tenía que cubrir mi brazo entero con una bolsa de látex diseñada especialmente. La bolsa había sido creada para ser compacta y sellar su abertura, repeliendo el agua que de otra forma destruiría el yeso. Me había vuelto bastante hábil para ajustar la bolsa por mi propia cuenta. Sin embargo, esa mañana —quizá por mi emoción o nerviosismo—, no había jalado el tirante con la suficiente firmeza, y a la mitad del baño pude sentir al agua acumulándose dentro de la bolsa y alrededor de mis dedos. Salté hacia afuera y rompí el escudo de látex, pero podía sentir que la masa anteriormente rígida se había suavizado después de absorber el agua.


No existe ninguna forma de limpiar efectivamente el área entre tu cuerpo y el yeso; la piel muerta que, normalmente se hubiera caído, solo se queda ahí. Cuando se humedece, emite un hedor, y este hedor aparentemente es proporcional a la cantidad de humedad introducida, ya que poco después de que traté de secarme, fui agredido por la poderosa esencia de podrido. Conforme seguí frotando el yeso agitadamente con la toalla, empezó a desintegrarse.


Me estaba sintiendo cada vez más estresado. Había asignado tanto esfuerzo como un niño era capaz hacerlo a su primer día de escuela. Me había sentado con mi mamá escogiendo mi ropa la noche anterior; había invertido mucho tiempo seleccionando mi mochila; y había albergado la anticipación excesiva de mostrarle a todos mi lonchera que tenía a las Tortugas Ninja en ella. Había caído en el hábito de mi mamá de referirme a estos niños, que aún no había conocido, como mis «amigos», pero a medida que la condición del yeso empeoraba, me sentí profundamente triste ante el pensamiento de que no podría aplicar esa etiqueta con nadie para cuando el día finalizara.


Derrotado, se lo enseñé a mi mamá.


Nos tomó treinta minutos sacar la mayoría de la humedad. Para solucionar el problema del olor, mi mamá cortó capas de jabón y las metió por debajo del yeso para enmascarar el olor rancio con uno más agradable.


Una vez que llegamos a la escuela, mis compañeros de clase ya habían iniciado su segunda actividad, y yo fui delegado a uno de los equipos. No se me aclaró cuáles eran las instrucciones de la actividad, y dentro de cinco minutos ya había violado las reglas tan irreparablemente, que los demás miembros del equipo se quejaron con la maestra y la cuestionaron sobre por qué tenía que estar con ellos.


Había traído un marcador a la escuela con la esperanza de que pudiera recolectar algunas firmas o dibujos para mi yeso, y súbitamente me sentía torpe por tener el marcador en mi bolsillo.

A los preescolares se nos reservaba la cafetería para almorzar, pero algunas de las mesas no estaban disponibles, de modo que nadie se tuviera que sentar solo. Estaba rasguñándome tímidamente bajo los extremos quebradizos de mi yeso cuando un niño se sentó frente a mí.


—Me gusta tu lonchera —comentó.


Podía notar que se estaba burlando de mí, y me torné muy enojado. En mi mente, mi lonchera era la última cosa buena de mi día. No alcé la vista de mi brazo, y sentí un ardor en mis ojos por las lágrimas que estaba reprimiendo. Lo miré solo para decirle que me dejara en paz, pero antes de que pudiera expulsar las palabras, algo me detuvo.


Teníamos la misma lonchera.


Me reí:


—¡A mí también me gusta tu lonchera!


—Pienso que Miguelangelo es el más genial —me dijo imitando movimientos de nunchaku.


Estaba a la mitad de mi argumento de que Rafael era mi favorito, cuando botó su cartón de leche abierto desde la mesa y sobre su regazo.


Me esmeré en ahogar mi risa, pues no conocía a ese niño en lo absoluto, pero la expresión arrugada de mi rostro debió de haberle parecido graciosa, y se comenzó a reír de primero.

Súbitamente, ya no me sentía mal por mi yeso, y pensé que esta persona con dificultad lo iba a notar de todas formas. Solo entonces, decidí poner mi suerte a prueba:


—¡Oye! ¿Te gustaría firmar mi yeso?


En lo que sacaba mi marcador, él me preguntó cómo fue que me quebré el brazo. Le dije que me caí del árbol más alto en mi vecindario; pareció impresionado. Lo observé tratando de garabatear su nombre trabajosamente, y luego de que había terminado, le pregunté qué decía.


Me respondió que decía «Josh».


Josh y yo almorzamos juntos todos los días, y nos agrupábamos para proyectos siempre que podíamos. Llegué a conocer otros niños, pero creo que sabía, incluso entonces, que Josh era mi único amigo verdadero.


Movilizar una amistad afuera de la escuela cuando tienes cinco años es, de hecho, más difícil de lo que la mayoría recuerda. El día que lanzamos nuestros globos, nos divertimos tanto que le pregunté a Josh si quería venir a mi casa al día siguiente para jugar. Él dijo que sí, que traería algunos de sus juguetes; y lo animé con que podríamos ir a explorar y quizá a nadar en el lago.

Estando en casa, lo consulté con mi mamá y me dijo que estaba bien. Mi entusiasmo era desmesurado, hasta que me di cuenta de que no tenía ninguna manera de contactar a Josh para contarle la noticia. Pasé todo el fin de semana preocupándome por si nuestra amistad se iba a disolver para el lunes.


Después del fin de semana, me sentí aliviado al descubrir que él se había topado con el mismo obstáculo y que pensó que era gracioso. Más tarde esa semana, los recordamos intercambiar nuestros números telefónicos. Mi mamá habló con el papá de Josh, y se decidió que mi mamá recogería a Josh y a mí de la escuela ese viernes. Alternamos esta estructura básica cada fin de semana. El hecho de que viviéramos tan cerca hacía las cosas mucho más fáciles para nuestros padres, quienes parecían estar ocupados con el trabajo constantemente.


El día que mi mamá y yo nos mudamos al otro lado de la ciudad al final de mi primer grado, estaba seguro de que había visto la conclusión de nuestra amistad. Conforme nos alejamos de la casa en la que había vivido toda mi vida, sentí una tristeza que sabía que no era solo por una casa: me estaba despidiendo de mi amigo por siempre. Pero Josh y yo —para mi sorpresa y gusto— permanecimos juntos.


A pesar del hecho de que solo nos veíamos los fines de semana, nunca perdimos nuestro parentesco distintivo. Nuestras personalidades colisionaban, nuestros sentidos del humor se complementaban mutuamente, y descubríamos con frecuencia que habíamos desarrollado un gusto independiente por las mismas cosas. Incluso sonábamos lo suficientemente similar como para que, cuando me quedaba en la casa de Josh, él llamara a mi mamá a veces pretendiendo ser yo; su taza de éxito era impresionante.


Mi mamá solía bromear con que la única forma de distinguirnos era por medio de nuestro cabello —él tenía cabello rubio oscuro liso, como su hermana; mientras que yo tenía cabello marrón oscuro rizado, al igual que mi mamá—.


Alguien podría creer que la circunstancia con la mayor probabilidad de separar a dos amigos jóvenes es aquello que está más allá de su control; sin embargo, creo que el catalizador de nuestra desvinculación gradual fue mi insistencia con que nos escabulléramos a mi casa vieja para buscar a Cajas.


El fin de semana siguiente a eso, invité a Josh a mi casa, manteniendo nuestra tradición de alternar casas, pero me dijo que no se sentía dispuesto. Empezamos a vernos menos progresivamente por el siguiente año; había pasado de ser una vez a la semana, a una vez al mes, a una vez cada par de meses.


En mi doceavo cumpleaños, mi mamá me dijo que lo festejaríamos. No había hecho muchos amigos desde que nos mudamos, y no me pudo hacer una fiesta sorpresa porque, precisamente, ella no sabía a quién invitar. Le mencioné al puñado de niños con los que me había acercado, y llamé a Josh para saber si quería venir. En un principio, me dijo que no creía que pudiera llegar, pero el día anterior a mi fiesta, me llamó para decirme que vendría. Me sentía muy emocionado porque no lo había visto en un largo tiempo.


La fiesta fue muy buena. Mi preocupación más grande era que Josh y los demás niños no se pudieran llevar bien, pero parecía que se agradaron lo suficiente. Josh estaba sorpresivamente callado. No me había traído un regalo y se disculpó por eso, pero le dije que no era para tanto; estaba feliz con que hubiera llegado. Traté de empezar varias conversaciones con él, pero todas terminaban en callejones sin salida. Le pregunté qué era lo que le pasaba, le dije que no comprendía por qué las cosas se habían vuelto tan incómodas entre nosotros —nunca habían sido así antes—. Solíamos juntarnos casi todos los fines de semana y hablábamos en el teléfono cada dos días. Le pregunté qué nos había pasado. Él me clavó la mirada después de estar fijado en sus zapatos, y simplemente dijo:


—Te fuiste.


Justo después de que dijera eso, mi mamá nos gritó desde la otra habitación que era momento para abrir los regalos. Forcé una sonrisa y caminé hacia el comedor, y ellos me cantaron «Feliz Cumpleaños». Había un par de cajas con envoltorio y muchas tarjetas, dado que la mayor parte de mi familia extendida vivía fuera de nuestro estado.


Los regalos eran tontos y poco memorables, aunque recuerdo que Brian me dio un juguete de Mighty Max en la forma de una serpiente que conservé por muchos años después de eso. Mi mamá había insistido con que abriera todas las tarjetas que me habían mandado y que le agradeciera a todas las personas que me habían dado una, porque hace muchos años, en Navidad, había roto los envoltorios y los sobres con tanto fervor que había destruido la posibilidad de discernir quién me había mandado cuál regalo, o cuál cantidad de dinero.


Separamos los que habían sido enviados en el correo de los que me habían traído ese día, para que mis amigos no tuvieran que ser espectadores de los regalos de personas que nunca habían conocido. La mayoría de las cartas de mis amigos tenían un par de dólares en ellas, y las de los miembros de mi familia contenían billetes más grandes.


Un sobre no tenía ningún nombre escrito en él, pero estaba en la pila, así que lo abrí. La tarjeta tenía un patrón floral genérico por el frente, y estaba un poco sucia, dando la impresión de que era una tarjeta que había sido recibida por alguien más, quien ahora la estaba reciclando para mi cumpleaños. En realidad, apreciaba la idea de que reutilizaran la tarjeta; siempre había pensado que las tarjetas eran tontas.


La incliné de manera que el dinero no se fuera a caer cuando la abriera, pero lo único que contenía en el interior era un mensaje que venía impreso en la tarjeta.


«Te amo».


Quienquiera que me había dado esa carta, no había escrito nada en ella, pero había marcado un círculo con lápiz encima del mensaje.


Me reí un poco y dije:


—Rayos, gracias por la increíble tarjeta, mamá.


Ella me vio con los ojos entrecerrados, y luego dirigió su atención a la tarjeta. Me dijo que no era de ella, y se veía jocosa cuando se la mostró a mis amigos, observando sus expresiones para tratar de identificar quién había hecho la broma. Ninguno de los niños dio un paso al frente, y mi mamá dijo:


—No te preocupes, cariño. Al menos ahora sabes que dos personas te aman.


Enfatizó eso con un beso extremadamente prolongado y cursi en mi frente, que transformó la perplejidad del grupo en histeria. Todos se estaban riendo, así que pudo haber sido cualquiera de ellos, pero Mike parecía estarse riendo más fuerte. Para convertirme en un participante en vez del sujeto del chiste, le dije que solo porque me hubiera dado una tarjeta, no debería pensar que lo iba a besar más tarde. Todos nos reímos, y cuando miré a Josh, vi que por fin estaba sonriendo.


—Bueno, creo que ese regalo pudo haber sido el ganador, pero tienes un par más que te falta abrir.


Mi mamá deslizó otro regalo frente a mí. Aún estaba sintiendo los temblores de risitas suprimidas en mi abdomen conforme rompía el papel colorido. Al ver el regalo, ya no tenía ninguna necesidad para aguantar mi emoción. Mi sonrisa se volteó mientras veía lo que me había dado. Era un par de walkie-talkies.


—¡Pues, adelante! ¡Muéstraselos a todos!


Los levanté, y todos parecieron aprobarlo, pero cuando capté la atención de Josh, pude ver que se había tornado de una tonalidad enfermiza de blanco. Entrelazamos nuestros ojos por un momento, y luego se dio la vuelta y caminó hacia la cocina. Mientras lo veía marcar un número en nuestro teléfono fijo, mi mamá me susurró al oído que sabía que Josh y yo no habíamos hablado mucho desde que uno de nuestros walkie-talkies se había roto, así que pensó que esto me gustaría. Fui invadido por un sentido de apreciación intenso hacia la consideración de mi mamá, pero este sentimiento fue sobrecogido por las emociones resucitadas de ese recuerdo que me había esforzado tanto por enterrar.


Cuando todos estaban comiendo pastel, le pregunté a Josh a quién había llamado. Me dijo que no se estaba sintiendo bien, y le avisó a su papá que lo pasara recogiendo. Entendí que se quería ir, pero le dije que deseaba que pudiéramos juntarnos más. Extendí uno de mis walkie-talkies en su dirección, pero él lo rechazó con su mano.


Desalentado, le dije:


—Bueno, gracias por venir, supongo. Espero que te pueda ver antes de mi siguiente cumpleaños.


—Lo siento... Trataré de llamarte más a menudo. En serio lo haré —me dijo.


La conversación se atascó mientras esperábamos a su papá cerca de mi puerta. Contemplé su rostro. Josh se veía genuinamente arrepentido de que no se hubiera esforzado más. Pero sentí que su humor se reforzó por una idea que lo había golpeado. Me dijo que ya sabía qué era lo que me iba a dar para mi cumpleaños. Que tardaría un poco, pero que pensaba que me iba a encantar.

Parecía portar un mejor espíritu, y se disculpó por haber sido un aguafiestas. Dijo que estaba cansado, que no había podido dormir muy bien. Le pregunté a qué se debía eso cuando abrió la puerta en respuesta a la bocina de su papá. Se dio la vuelta hacia mí y me gesticuló un adiós en tanto respondía mi pregunta:


—Creo que he estado caminando dormido.


Esa fue la última vez que vi a mi amigo, y un par de meses más tarde, se había ido.


...


En la actualidad, mi relación con mi mamá se ha lacerado estas últimas semanas por mis intentos de saber más detalles sobre mi infancia. Es común el caso de que alguien no sabe distinguir el punto de quiere de algo hasta que provoca una fractura, y después de la última conversación con mi mamá, imagino que pasaremos el resto de nuestras vidas tratando de reparar lo que nos tomó una vida entera construir.


Ella había designado tanta energía en mantenerme a salvo, tanto física como psicológicamente... pero creo que los muros que pretendían aislarme del daño, también estaban protegiendo su propia estabilidad emocional.


A medida que la verdad salió a flote la última vez que hablamos, pude escuchar un estremecimiento en su voz que creo que reverberaba el colapso de su mundo. No imagino que mi mamá y yo seguiremos hablando mucho ahora, y aunque aún existen ciertas cosas que no comprendo, creo que sé lo suficiente.


...


Después de que Josh desapareció, sus padres habían hecho todo lo que pudieron para encontrarlo. Desde el primer día, la policía había sugerido que contactaran a todos los padres de los amigos de Josh para verificar si estaba con alguno de ellos. La policía había sido incapaz de proveer cualquier dato nuevo acerca del paradero de Josh, a pesar del hecho de que habían recibido una llamada anónima de una mujer que les rogaba que compararan ese caso con el caso de acecho que había sido abierto hace seis años.


Si la noción de la realidad de la madre de Josh se debilitó cuando su hijo se esfumó, entonces se rompió cuando Veronica murió. Ella había visto morir a muchas personas en el hospital, pero no hay ninguna medida de desensibilización que pueda inocular a una persona en contra de la muerte de su propio hijo.


Ella visitaba a Veronica dos veces al día, una vez antes de su jornada de trabajo, y una vez después. El día que Veronica murió, su madre salió tarde de su trabajo, y para cuando llegó al hospital de su hija, Veronica ya había sido declarada muerta.


Esto fue demasiado para ella, y con el transcurso de las siguientes semanas, se volvió más y más inestable. Con frecuencia, vagaba en la intemperie gritándole a Josh y Veronica que regresaran a casa, y hubo muchas instancias en las que su esposo la encontró merodeando mi vecindario viejo a la mitad de la noche —pobremente vestida y buscando, desamparada, a su hijos—.


A raíz del deterioro mental de su esposa, el papá de Josh ya no podía viajar por su trabajo, y comenzó a tomar trabajos de construcción de menor paga con tal de estar cerca de casa. Cuando se dieron a la tarea de expandir mi viejo vecindario aún más —alrededor de tres meses después de la muerte de Veronica—, el papá de Josh aplicó a todas las vacantes disponibles y fue contratado. Él estaba cualificado para liderar sitios de construcción, pero tomó un trabajo como un personal auxiliar para la construcción de marcos y la limpieza de los sitios, y todo lo que se necesitara. Incluso aceptaba los trabajos ocasionales que se presentaban —podar céspedes, reparar cercas—; cualquier cosa que evitara la necesidad de viajar.


Ejecutaron una poda del bosque en el área del afluente para transformar la tierra en propiedad habitable. Al papá de Josh se le delegó la responsabilidad de nivelar el terreno deforestado, y este proyecto le garantizaría muchas semanas se trabajo.


Al tercer día, llegó a un lugar que no podía nivelar. Cada vez que conducía encima de él, se sentía más bajo que el terreno circundante. Frustrado, se bajó de la máquina para visualizar el área. Estaba tentado a simplemente arrojar tierra en la depresión, pero sabía que eso solo sería una solución estética y temporal. Había trabajado en construcción por años, y sabía que, a veces, los sistemas de raíces de los árboles grandes que son cortados se descomponen, causando debilidades en el suelo que también se manifiestan en la superficie. Sopesó sus opciones y optó por cavar con una pala en caso de que el problema pudiera ser resuelto sin depender de una máquina que tendría que ser traía desde otro sitio de construcción.


Y a medida que mi mamá describió en dónde era, supe que había estado en ese lugar antes de que el suelo fuera perforado y antes de que fuera rellenado.


Sentí una rigidez en mi pecho.


Él cavó un agujero de metro y medio en la depresión del terreno más céntrica, hasta que su pala chocó con algo duro. Enterró la pala continuamente en un intento por determinar el grosor de la raíz y la densidad de la red, cuando, de repente, su pala atravesó la resistencia. Confundido, agrandó el agujero. Después de media hora de estar excavando, acabó frente a un cajón de dos metros de largo y un metro de ancho. Estaba cubierto con una sábana café que se metía por un costado de la madera.


Nuestras mentes se dedican a evitar la disonancia. Si albergamos una creencia lo suficientemente fuerte, nuestras mentes rechazarán con vigor la evidencia conflictiva para que podamos conservar la integridad de nuestro entendimiento del universo.


Hasta ese preciso momento, y a pesar de todo lo que la lógica hubiese indicado —a pesar del hecho de que una pequeña y sofocada parte de él entendiera encima de qué estaba parado—, este hombre creía, sabía, que su hijo estaba vivo.


Mi mamá recibió una llamada a las seis de la noche. Reconoció de quién era, pero no logró entender qué era lo que le decía.


Lo que sí comprendió, la hizo salir de inmediato.


«AQUÍ ABAJO... AHORA... HIJO... DIOS, POR FAVOR».


Cunado llegó, encontró al papá de Josh sentado perfectamente inmóvil con su espalda contra el agujero. Estaba sosteniendo la pala con tanta firmeza que se podría partir, y estaba viendo directamente hacia el frente con ojos que se veían tan muertos como los de un tiburón. No respondió a ninguna de las palabras de mi mamá, y solo reaccionó cuando ella trató de quitarle la pala con gentileza.


Arrastró su mirada hacia los ojos de mi mamá, y dijo: «No lo entiendo». Repitió eso como si hubiese olvidado todas las demás palabras, y mi mamá aún lo podía escuchar murmurándolo cuando caminó a su lado y dio un vistazo al agujero.


Ella me dijo que deseó haberse arrancado los ojos antes de ver hacia el cráter, y yo le contesté que ya sabía qué era lo que estaba a punto de decir, y que no necesitaba continuar. Observé su rostro y estaba expresando una mirada de una desesperación tan marcada, que hizo que mi estómago se volteara. Me di cuenta de que ella había sabido esto por casi diez años, y que había contado con que nunca me lo tuviera que decir. Como resultado, nunca había entrelazado las palabras apropiadas para describir lo que vio, y mientras estoy sentado aquí, afronto la misma dificultad de articulación.


Josh estaba muerto. Su rostro se había hundido y contorsionado de tal manera que era como si la miseria y la desesperanza de todo el mundo hubiese sido transferida a él. El olor agresivo del deterioro se elevó desde la cripta, y mi madre se tuvo que cubrir su nariz y boca para impedir que vomitase. La piel de Josh estaba agrietada, casi reptiliana, y un flujo de sangre que surcaba estas líneas se había secado sobre su cara después de haberse acumulado y manchado la madera alrededor de su cabeza. Sus ojos se preservaban semiabiertos, fijados hacia arriba. Mi mamá dijo que, por su aspecto, no había muerto desde hace mucho, y el tiempo no le había conferido la piedad de la degradación para eliminar el dolor y el terror que ahora estaba tallado en su rostro. El resto de su cuerpo, sin embargo, no era visible.


Alguien más lo estaba cubriendo.


Era grande y yacía boca abajo encima de Josh, y a medida que la mente de mi mamá se ensanchó lo suficiente como para poder absorber lo que sus ojos trataban de decirle, se hizo consciente de la relevancia de la manera en la cual reposaba.


Estaba abrazando a Josh.


La muerte mantenía gélidas sus piernas, pero adoptaban la forma de enredaderas en un bosque tropical exuberante. Uno de sus brazos descansaba debajo del cuello de Josh, solo enrollarse en su cuerpo de manera que pudieran acostarse aún más cerca.


Cuando el sol pasó a través de los árboles, su luz se reflejó en algo adherido a la camisa de Josh. 


Mi mamá se encorvó en una rodilla para levantar el cuello de su camisa a la altura de su nariz y poder bloquear el hedor. Al ver qué fue lo que atrapó al sol, sus piernas la abandonaron y casi se cae en la tumba.


Era una fotografía...


Era una fotografía mía de cuando era niño.


Se tambaleó hacia atrás, jadeando y tiritando, y colisionó con el papá de Josh, quien aún se sentaba apartando su mirada del agujero. Comprendió por qué la había llamado, pero no se pudo forzar a sí misma a revelarle lo que le había ocultado a los demás durante todos esos años. La familia de Josh nunca supo nada acerca de la noche en la que yo me desperté en el bosque. Ella sabía que tuvo que haberles dicho, pero contárselo ahora no ayudaría en nada.


En tanto se sentaba ahí apoyando su espalda en el papá de Josh, él habló.


—No le puedo decir a mi esposa. No le puedo decir que nuestro niño pequeño...


Su voz menguó cuando presionó su rostro húmedo en sus manos embarradas con tierra:


—No podría soportarlo...


Después de un momento, se puso de pie y se movió hacia la tumba. Con un último sollozo, se bajó hacia el ataúd. El papá de Josh es un hombre grande, pero no era tan grande como el hombre en el cajón. Agarró el reverso de la camisa del sujeto y jaló con fuerza —era como si intentara lanzar al hombre desde la tumba con un solo gesto—. Pero la camisa se rasgó y el cuerpo cayó de nuevo sobre su hijo.


—¡HIJO DE PUTA!


Agarró al hombre desde los hombros y lo arrojó hacia atrás hasta que lo había levantado de Josh, sentándolo incómodamente, pero derecho, contra la pared de la tumba. Observó al hombre y se echó un paso hacia atrás.


—Oh, Dios... Oh, Dios, no. No, no, no... Dios, por favor... ¡DIOS, POR FAVOR, NO!


Con movimientos ralentizados pero poderosos, alzó y empujó el cadáver afuera del agujero, y los dos escucharon el sonido de vidrio rodando por la madera. Era una botella. Se la entregó a mi mamá.


Era éter.


—Oh, Josh —se lamentó—. Mi niño... ni niño pequeño. ¿Por qué hay tanta sangre? ¡¿Qué te hizo?!


Conforme mi mamá observaba al hombre que estaba boca arriba, supo que encaraba a la persona que había acechado nuestras vidas por más de una década. Ella se lo había imaginado tantas veces —siempre maligno y aterrador—, y el llanto del papá de Josh parecían confirmar sus peores miedos. Pero mientras se fijaba en su rostro, pensó que no se veía como quien se había imaginado; solo era un hombre.


Enfocándose en su expresión congelada, en realidad se veía serena. Las esquinas de sus labios se giraban hacia arriba un poco; vio que estaba sonriendo. No era la sonrisa esperada del maniático de alguna película o historia de terror; no era la sonrisa de un demonio, o la sonrisa de un amigo. 


Esa era la sonrisa de alegría o satisfacción. Era la sonrisa de dicha.


Era la sonrisa de amor.


Debajo de su cuello, vio una herida tremenda en su piel, en donde la piel había sido arrancada. Al principio, se sintió aliviada de que la sangre no había sido de Josh. Quizá él había sufrido menos. Pero este consuelo fue breve una vez que se dio cuenta de lo equivocada que estaba. Se llevó una mano a su boca y musitó, casi como si tuviera miedo de recordarle al mundo lo que había sucedido:


—Estaban vivos.


Josh debió de haber mordido el cuello del hombre en un intento por liberarse, y a pesar de que el hombre había muerto, Josh no pudo moverlo.


Comencé a llorar cuando pensé en cuánto tiempo Josh estuvo atrapado ahí.


Mi mamá revisó los bolsillos del hombre para encontrar algún tipo de identificación, pero solo encontró un pedazo de papel. En él, había un dibujo de un hombre sosteniendo la mano de un niño pequeño, y, al lado del niño, estaban unas iniciales.


Mis iniciales.


En tanto el padre de Josh sacaba a su hijo de la tumba, mi mamá deslizó el pedazo de papel en su bolsillo. Él continuó murmurando que el cabello de su hijo había sido teñido. Mi mamá confirmó que era cierto; ahora tenía una tonalidad de marrón oscuro, y también notó que había sido vestido extrañamente, pues su ropa era demasiado pequeña.


Después de que el papá de Josh acostó a su hijo con delicadeza sobre la tierra suave, empezó a presionar su mano gentilmente contra el pantalón de su hijo para palpar sus bolsillos, y escuchó una arruga. Con cuidado, recuperó un pedazo de papel doblado del bolsillo de Josh. Lo escudriñó, pero se irritó. Ausentemente, se lo pasó a mi madre, pero ella tampoco lo reconoció.


Ella me dijo que era un mapa, y sentí que mi corazón se fragmentó. Josh estaba terminando el mapa; esa tuvo que haber sido su idea para mi regalo de cumpleaños. Y deseé, fútilmente, que no hubiese sido secuestrado mientras lo expandía, como si eso fuese a importar ahora.


Ella escuchó al papá de Josh gruñir y lo vio empujando el cuerpo del hombre en la tierra. A medida que caminó hacia la máquina con la que había encontrado ese lugar, puso su mano en un bote de gasolina y se detuvo con su espalda hacia mi mamá.


—Deberías irte.


—Lo siento mucho.


—No es tu culpa. Yo hice esto.


—No puedes pensar así. Esto no tiene nad...


Él la interceptó rotundamente, sin proyectar emoción alguna.


—Hace más o menos un mes, un hombre se me acercó mientras estaba limpiando en el sitio de construcción una cuadra abajo. Me preguntó si quería hacer algo de dinero extra, y como mi esposa no está trabajando, acepté. Me dijo que algunos niños habían cavado varios agujeros en su propiedad, y que me ofrecía cien dólares para rellenarlos. Me dijo que primero quería tomar unas fotografías para la compañía de seguros, pero que si llegaba después de las cinco de la tarde del día siguiente, estaría bien. Pensé que ese hombre era un estúpido, porque muy pronto iba a tener que limpiar esa área de todas formas, pero necesitaba el dinero. Ni siquiera creí que tuviera los cien dólares, pero puso el billete en mi mano, e hice el trabajo al día siguiente. He estado tan exhausto, que no volví a pensar en ello hasta hoy, cuando quité al mismo hombre desde encima de mi hijo.


El papá de Josh apuntó hacia la tumba.


—Me pagó cien dólares para que lo enterrara junto a mi hijo.


Fue como si decirlo en voz alta lo obligara a aceptar lo que había pasado, y se desmoronó al suelo entre lágrimas. Mi mamá no pudo pensar en nada que decir, y solo se mantuvo en silencio hasta que finalmente le preguntó qué era lo que iba a hacer con Josh.


—Su última morada no será aquí con ese monstruo.


...


Cuando mi mamá dio un vistazo hacia atrás, habiendo llegado a su auto, pudo ver humo negro ondulándose y neutralizando el ámbar del cielo. Y ansió, contra todas las esperanzas, que los padres de Josh estuvieran bien.


Abandoné la casa de mi mamá sin decir mucho más. Le dije que la amaba, y que hablaría con ella pronto, pero no sé lo que esa palabra implica para nosotros. Me subí a mi auto y me fui.

Ahora entiendo por qué los eventos de mi infancia se habían detenido desde hace años. Como un adulto, ahora veo las conexiones que se perdieron en un niño que tendía a ver el mundo en capturas en vez de secuencias.


Reflexioné acerca de Josh. Lo amé entonces, y lo sigo amando. Lo extraño más ahora que sé que nunca lo volveré a ver, y me encuentro deseando que lo hubiese abrazado la última vez que lo vi.


Reflexioné acerca de sus padres, de cuánto habían perdido y de cuán rápido había transpirado esa pérdida. Ellos no saben de mi conexión con nada de esto, pero ahora nunca podré verlos a los ojos.


Reflexioné acerca de Veronica. Solo la había llegado a conocer más tarde en mi vida, pero durante esas breves semanas, pienso en realidad legué a amarla.


Reflexioné acerca de mi madre. Se había esforzado tanto por protegerme, y fue más fuerte de lo que yo alguna vez podré ser.


Traté de no pensar acerca del hombre y de lo que le hizo a Josh por más de dos años.


En su mayoría, solo pienso en Josh. A veces desearía que nunca se hubiese sentado al otro lado de mí aquel día en kínder; que nunca me hubiese permitido descubrir lo que se sentía tener un amigo verdadero. El mundo es un lugar cruel, hecho aún más cruel por el ser humano. No habrá justicia para mi amigo, ninguna confrontación final, ninguna venganza; ha pasado una década desde que terminó para todos aparte de mí.


Te extraño, Josh. Me disculpo por que me hayas elegido, pero siempre atesoraré mis recuerdos contigo.


Fuimos exploradores.


Fuimos aventureros.


Fuimos amigos.

hybrid_ningen Aug 3 · Rate: 5 · Tags: creepypasta, penpal
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